JUSTICIA GLOBALIZADA -2-

Editoriales Miércoles 24 de Octubre de 2018

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Conviene diferenciar dos conceptos que tienden a utilizarse como sinónimos aunque no lo son. Me refiero a que solemos decirle ‘Justicia’ al ‘Poder Judicial’, y no resultan lo mismo, aunque el segundo tiene como objetivo impartir el primero. Resulta una confusión creada y no generada espontáneamente. Veamos:

(Continuación de JUSTICIA GLOBALIZADA en: http://www.losprincipios.org/editoriales/justicia-globalizada-1.html)

Democracia, Justicia y Poder Judicial

El Poder Judicial, junto al Ejecutivo y el Legislativo, integran el “sistema republicano de gobierno”, como lo define la Constitución Argentina (art. 1º). Fue pensado originariamente por los autores ideológicos de las Revoluciones Estadounidense y Francesa y sus sucedáneos, como manera de reemplazar al poder absoluto de los reyes cristianos, trasladando el concepto del poder del rey que es dado por Dios (como toda autoridad del pasado, presente y futuro), por el ‘poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo’, un gran sofisma con el que nos mantienen engañados desde hace más de 200 años. Aunque debemos aceptar que las monarquías absolutas, al igual que cualquier totalitarismo, tampoco serían hoy la solución.

Aun cuando debamos aceptar que a falta de monarquía, la división de poderes parece ser la mejor opción, este sistema no ha sido una solución para las sociedades, salvo en muy pocas ocasiones. El ‘pueblo’ se equivoca mucho y muy seguido, cuando es manejado desde centros de poder global, mediante técnicas de control mental masivo de alcances inimaginables[1].

Últimamente –y muy calculadamente-, se ha trastocado la palabra ‘república’ (esencialmente gobierno del pueblo a través de sus representantes) por ‘democracia’ (gobierno de la mayoría), lo que dista mucho de los conceptos que conocíamos.

Lo que sucede, según sostengo, es que la palabra ‘democracia’ ha sido utilizada como un ‘sistema’ autosuficiente (con alcances ‘mágicos’), que tiene la potestad de ‘crear verdades’ imponibles y manipulables por estadísticas, la mayoría de las veces pagadas por los intereses que se benefician o que tienen interés en tal o cual asunto.

Porque no es cierto que con ‘la democracia se come, con la democracia se educa’, etc. como aseguró en cierto discurso el ex presidente Alfonsín. Pues sólo un sistema que sirve sólo para ciertos intereses y la imposición de ciertas ideologías, no tiene aquellas finalidades sino sólo la más fácil manipulación de la ‘opinión pública’ que no es espontánea sino inducida.

Por el contrario, ha demostrado ser, a no dudarlo, una forma de llamar al concepto imperialista de dominación de los estados nacionales y una ‘mecánica’ de ‘control de invasiones’ globales, especialmente el cambio de paradigmas culturales: Se manipulan masas más o menos numerosas –que no dejan de ser minúsculas en comparación con la totalidad de los habitantes- (a quienes se llama ‘mayoría’) que formalmente ‘eligen’ a las autoridades y se convence a toda la sociedad que esa ‘mayoría’ eligió soberanamente, pero en realidad el candidato ganador, fue cuidadosamente ‘elegido’ por personas que integran sociedades secretas que maquinan para dominar el mundo a su antojo y en su beneficio, de tal manera que esa autoridad –conseguido el cargo y obtenida la posibilidad de enriquecerse- sólo está para cumplir los designios de quienes lo catapultaron, bajo pena que si no lo hace, simplemente será reemplazado por alguno más dócil.

Así se ha logrado alterar el orden social (medianamente aceptable hasta la segunda guerra mundial), cambiándolo por otro que muy lejos está de bregar por el bien común general de los ciudadanos ‘democráticos’. Este ciclo se repite normalmente cada 4 años, siempre y cuando el gobierno de turno cumpla con la agenda de los centros de poder mundial. Si no lo hace, se crea el caos social e institucional y se remueve al gobernante, para reemplazarlo por otro, que será igualmente títere del imperio, pero mucho más dócil que el anterior.

El Poder Judicial, cuyos integrantes son elegidos de otra forma (es decir, no por elecciones directas), tienen sin embargo similar comportamiento.

A lo largo de este pequeño trabajo, trataremos de describir de qué manera el Poder Judicial ‘democratizado’, no está para impartir ‘justicia’, sino instrumentado para proteger a los intereses globales y apañar todas sus inmoralidades.

Decíamos que poder judicial no es lo mismo que Justicia.

En efecto, si bien el poder judicial se encuentra dentro del reparto del poder del Estado, la ‘Justicia’ es una virtud y se practica cotidianamente en todo asunto en el que intervengan dos o más personas. Así como se le llama ‘juez’ a un simple ‘árbitro’ de fútbol, intencionadamente se nos ha impuesto utilizar la palabra Justicia para designar al Poder Judicial. De tal manera que cuando se critica a este último, subliminalmente se está diciendo algo en contra de la virtud y, por ende, negando la posibilidad de su realización.

Justicia practica un padre de familia cuando dirime una pelea entre sus hijos; el vendedor que cobra el precio justo; el trabajador que llega a tiempo a su trabajo y pone todo su empeño en hacer su trabajo bien; el transeúnte que entrega una limosna; el que devuelve algo que su dueño había perdido; el deportista que le indica al árbitro que ha cometido una falta; y podríamos dar infinidad de ejemplos más. Pues la Justicia, más allá de las definiciones jurídicas, consiste en la continua y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde” (Definición no superada del Jurista romano de origen fenicio, Domicio Ulpiano, fallecido en Roma en el año 228).

(CONTINUARÁ)

[1] En tal sentido, resulta altamente recomendable el serio estudio efectuado por Lucas Carena y Pablo Dávoli en el libro “La Guerra Invisible: Acción Psicológica y Revolución Cultural” (Se consigue en versión digital, en la tienda Amazón)

 

Autor: Dr. Luis F. Ferreyra Viramonte - Director

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