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Editoriales / Viernes 4 de Diciembre de 2015

NO HAY PAZ SIN JUSTICIA. NO HAY JUSTICIA SIN VERDAD.

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La Conferencia Episcopal Argentina, con la firma de su Secretario General -Monseñor Carlos H. Malfa-, envió una carta al diario La Nación expresando su desacuerdo con el contenido de la nota editorial «No más venganza» publicada en la edición impresa del diario LA NACION el pasado 23 de noviembre pasado, por estimar que su “contenido y (el) tono de lo expresado no contribuye a alcanzar lo que parece buscar: una reconciliación.”

Realmente nos cuesta mucho escribir estas líneas. Pero nos sentimos en la obligación moral de hacerlo, con el mayor de los respetos y consideración fraterna.

Como Bautizados y pertenecientes a la grey católica, con todo respeto expresamos nuestra disconformidad, por considerar que la opinión vertida resulta contradictoria, tendenciosa y no ajustada a la Doctrina Social de la Iglesia.

Dice la misiva: “Los obispos argentinos hemos expresado con claridad en el mensaje «La fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz», emitido por la 104a Asamblea Plenaria del 9 de noviembre de 2012, que «para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley [...] Sólo si las leyes justas son respetadas, y quienes las violan son sancionados, podremos reconstruir los lazos sociales dañados por el delito, la impunidad y la falta de ejemplaridad de quienes tenemos alguna autoridad. La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona. Esto vale también por los reclamos por nuestros derechos, que deben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás» (lo destacado es nuestro).

Según entendimos de la editorial del matutino (que quizás debió publicarse antes), es claro que también se aboga por la paz, la justicia y la Verdad; por lo que la posición del Episcopado al respecto (‘contenido y tono de lo expresado’), aparece como contradictoria y confusa, pues parece que sólo ‘son justas’ las leyes aplicadas en los procesos contra de los militares; y, por el contrario, serían injustas aquellas que tratan de desentrañar la Verdad histórica de la perversa subversión y caos institucional que, inclusive, se llevó a muchos hermanos inocentes.

Como bien lo dijo el Episcopado en 2012, no es posible una reconciliación entre los argentinos, si primero no aceptamos nuestros errores y asumimos nuestras culpas, con un verdadero arrepentimiento y propósito de perdonar. Como en el Sacramento de la Confesión y no de otra forma.

Pero la opinión expresada, parece alentar el silencio acerca de aquella época nefasta para la Patria, con lo que se estaría contradiciendo lógicamente con lo dicho en el párrafo transcripto.

Pues el juzgamiento a los militares no se ha hecho en base a ‘leyes justas’, sino todo lo contrario.

Por haber estado en juicios como abogado de algún militar hoy injustamente privado de su libertad, podemos asegurar que se han cometido todo tipo de tropelías y atentados a los derechos humanos más elementales; y han sido evidentemente utilizados como venganzas ideológicas, personales o como fuente de obtención de mucho dinero.

La verdad histórica inmediata, es que en casi la totalidad de los juicios de ‘lesa humanidad’ (que nunca fueron tales), se ha arribado a las condenas en base a testimonios falsos, remunerados o inducidos; presiones indebidas a jueces y fiscales; y querellas privadas manipuladas desde una central ideológica filocomunista; más que en la verdad objetiva demostrada por pruebas materiales independientes.

No es posible construir un diálogo o reconciliación de los argentinos, sobre un relativismo atroz que sólo mira una parte sesgada de los hechos. Pues la PAZ no es posible sin una Justicia objetiva (‘dándole a cada uno lo que le corresponde según sus propios actos’). Y la Justicia es imposible sin atarse a la Verdad, que es Cristo; pues toda mentira o falsedad, viene del ‘padre de la mentira’.

Para que no queden dudas acerca de nuestra posición, la  vergonzosa represión de los militares, también se basó en mentiras, traiciones e iniquidades de todo tipo y color. Su ocultamiento, llevó el péndulo hacia un lado. Ahora pasó al lado extremo, lo que es lógico: siempre la mentira se cae y engendra venganza.

La carta del Episcopado a La Nación, unida a la expresa adhesión pública a la marcha ‘Ni una Menos’ -organizada por reconocidas promotoras del aborto 'libre y gratuito'-; no hacen más que confundirnos a los católicos, haciéndonos sospechar que no es cierto que se busque sinceramente una reconciliación que se exige al matutino y que hay alguien que se encuentra definido a favor de una ideología perversa que, en principio, se está yendo. Dios Nuestro Señor, así lo quiera.

Autor: Luis F. Ferreyra Viramonte - Director

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