CARTA ABIERTA A ELISA CARRIÓ

OPINIONES EN LAS REDES Lunes 26 de Julio de 2021

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Transcribimos carta del SubOf. (R) JUAN A. GIOVARRUSCIO, preso político actualmente con arresto domiciliario.

Autor: JUAN A. GIOVARRUSCIO

De mi consideración:

Créame que tengo todas las intenciones de redactar estas líneas en tono fraternal y amigable, pero, su zigzagueante discurso y trayectoria política, no lo permite. Pese a ello quiero contarle algunos aspectos de mi juventud.

Con apenas 16 años, dejé atrás, mi pueblo de Colonia Segovia, en la provincia de Mendoza. Había terminado la escuela primaria y cursaba segundo en un colegio industrial, cuando un curioso instinto y una sugestiva publicidad convergieron para que “me enganchara” en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, del Ejército Argentino. Guarde en la valija conocimientos, recogidos pese a mis escasos años. Transferido por mis padres, aprendí a trabajar la tierra con el arado, la pala, la zapa, la tijera de podar y otras herramientas. Llevaba, junto a los míos, los sueños de ellos, cual eran…” ser un hombre de bien, honesto”.

En aquella recordada Escuela de Suboficiales me tallaron y moldearon como “soldado”. Profesión que abrace para toda la vida. A esta altura, podrá apreciar que, cuando aún, Ud. jugaba con muñecas, yo, me arrastraba en las frías mañanas de Campo De Mayo, aplanando cardos, junto a mis camaradas de armas.

“Salvaguardar los más grandes intereses de la Nación”, rezaba una leyenda grabada en las paredes del comedor de aspirantes. La leía cada vez que entraba. Refería a la Constitución Nacional, la libertad y el honor de los argentinos.

Tales valores, pese a la injusta condena y el “tergiversado relato” que se empecina en contar otra historia sobre aquel ejército, me acompañan al día de hoy.

Lo dicho es un pincelazo que ayuda entender el daño causado por sus confabulaciones con siniestros personajes de la política.

Distinguida señora, no es la primera vez que me dirijo a Ud. Nunca tuve respuestas. En aquellas oportunidades lo hice desde el Penal Provincial de San Felipe de la ciudad de Mendoza, lugar donde, durante casi seis años, purgué una venganza la cual hoy, cumplo en la “piadosa condición de prisión domiciliaria”. Ese odio y venganza la tiene a Ud., como protagonista principal de tan perverso plan.

Le resultara injusto que le impute dichos sentimientos, pero… vera que no.

Allá por los años 2002/3, junto a otros dirigentes de la infame izquierda argentina, como Alfredo Bravo y Patricia Walsh, entre otros, impulso el proyecto de anulación de las leyes “constitucionales” denominadas Punto Final Y Obediencia Debida. Leyes, que fueron consensuadas y promulgadas en el año 1986 por el Congreso de la Nación.  Aquellos instrumentos jurídicos procuraban la pacificación nacional. Tal es así que, durante más de diez años, indulto del presidente Menem, por medio, encarrilaron a la sociedad en esa dirección. Tal mamarracho jurídico, “anulación”, ayudo a Carlos Kirchner a construir un poder que no tenía, apropiándose de los DDHH en la argentina. Permitió, además, la absurda violación de la Constitución Nacional a partir del divido fallo “Simón”. (para mayor ilustración ver “el caso Simón, por Gregorio Badeni). Tan vergonzoso fallo abrió la puerta al rentable “curro” de los derechos humanos y a una indiscriminada cacería de cuadros subalternos de las FFAA y FFPP entre otras personas. Todo, acompañado por Ud. en el Congreso de la Nación.

Por ello, no es creíble y es tan o más contradictoria que el presidente Fernández. Ello surge de sus declaraciones en el programa “Desde el Llano” del 19 de julio del presente año. En el refirió: “al principio de amor al otro que es el principio del humanismo”, “que ningún criterio ideológico, superficial, puede ser el fundamento en una toma de decisiones, cuando la vida y la muerte de tus hermanos está en juego” … “reconstruir nuestra casa común” “y esa casa común es la argentina y es de todos”. “Tenemos que cuidarnos y reconciliarnos entre todos”. Mencionó, además, “lo que yo dije en el contrato moral en el año 2002”que por lo único que podemos salir es con un nuevo contrato moral…que nos reconcilie sobre el derecho de todos a vivir en la argentina…” “a nuestra relación con Dios… y retomamos lo humano que es el amor…y perdonarnos todo… Yo les propongo…que… me perdonen los obispos… que todos los argentinos nos perdonemos todo” …arrepintiéndonos de lo que fuimos, si fuimos crueles” … y…así, abordó otros aspectos que no tiene sentido transcribir.

Esta narrativa incongruente acentúa, aún más, su frágil memoria y la destaca en el cuadro de honor de los dirigentes políticos más nefastos de los últimos treinta años. Ha acompañado y aportado su cuota de responsabilidad en la degradación de los pilares y valores de la nación.

Introdujo el odio, bajo la máscara de “memoria, verdad y justicia”. Colaboró en el atropello del sano derecho jurídico argentino, convirtiéndolo en herramienta de venganza contra el sector más débil, vulnerable y desprotegido de las FFAA, FFPP, FFSS, los ya mencionados cuadros subalternos. También de honestos empresarios y jueces probos. Sometidos todos, a una jurisprudencia especial, utilizada por jueces y fiscales que actúan cual comisarios políticos, aplicando prisiones perpetuas a discreción a personas mayores de 60, 70, 80 y 90 años. Ello es igual a una pena de muerte. Esta cobarde decisión lleva cobrado la vida de 670 hombres, muchos de ellos, héroes en la “guerra contra el terrorismo y Malvinas”.

Así, arrastrado por el odio y la ambición política de inescrupulosos dirigentes, que no supieron distinguir a los verdaderos responsables de la trágica década del 70, convirtieron, a más de tres mil ciudadanos argentinos, que se brindaron sin condiciones en pos de la defensa de la libertad, en “genocidas y violadores de los derechos humanos”.

Por ello, su discurso es cínico y cruel. Manipula los sentimientos de un amplio sector de la sociedad que hace décadas, es arrastrada a la ignorancia por dirigentes, cuasi mafiosos.

En todos estos años, no se dignó por seguir el curso de estos circenses juicios, donde se vulneran principios básicos como la aplicación retroactiva de leyes, la violación del art. 18 de la Constitución Nacional, el principio de legalidad, la condena por sospecha, la inversión de la carga de la prueba, la protección ilimitada a testigos, supuestas víctimas, que actuaron como guerrilleros o integrantes de los grupos terroristas ERP y Montoneros. Como legisladora, tampoco se ocupó de controlar, pese a existir innumerables denuncias, quienes integran estos tribunales especiales. Allí descubriría que la mayoría son militantes de la autodenominada agrupación “Justicia Legítima”. Que muchos de sus miembros son familiares directos de ex miembros de organizaciones terroristas, tanto es así que, algunos se conocieron mientras purgaban condenas por desarrollar tales actividades.

JUAN A. GIOVARRUSCIO

 

Autor: JUAN A. GIOVARRUSCIO

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