LA VERDADERA IGUALDAD

Sociedad Jueves 6 de Junio de 2019

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El propio Adam Smith, hablando en concreto sobre la igualdad de la mujer, señala que el progreso en la misma se logró gracias al cristianismo. La religión está inseparablemente unida a la idea de la igualdad, porque somos creados igualmente por Dios y de Él brotan los derechos más importantes.

Numerosos enemigos del cristianismo presumen de ser amigos de la igualdad, pero podrían hacérselo mirar, para no incurrir en más contradicciones.

La idea de que los seres humanos somos creados iguales se presenta en política como si fuera moderna, y en cierto sentido lo parece, puesto que durante mucho tiempo se pensó lo contrario: distinguidos filósofos de la Antigüedad Clásica partieron de la premisa de la desigualdad. Y fue la religión cristiana la que argumentó en contra de la noción aristocrática de los griegos, y defendió que la humanidad es igual en dignidad. De allí proceden las ideas ilustradas modernas de libertad y democracia: de la misma Iglesia que los autodenominados progresistas abominan y tachan de discriminadora.

Los economistas estudian la división del trabajo, a la que Adam Smith atribuyó un papel fundamental a la hora de explicar el crecimiento económico. Platón también se refirió a dicha división, pero creyó que brotaba de las desigualdades inherentes a la naturaleza humana. Smith, como todos los modernos, razonó en sentido contrario: las personas somos iguales y es solo la educación la que hace que seamos lo que somos, como una tabula rasa en la que se puede inscribir libremente.

Sabemos ahora que esto no es cierto, porque la carga genética no es idéntica en todos los humanos, pero el cristianismo no propuso teorías sino que estableció un principio: todos somos hermanos. Este principio moral está íntimamente relacionado con la justicia, la libertad y la igualdad; y enlaza con la única noción de igualdad compatible con la libertad: la igualdad ante la ley.

La igualdad, por tanto, es indisociable de la religión y proviene de la imago Dei. “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó” (Gn 1, 27). La alianza de Dios es con todos, incluso “con quien no está hoy aquí con nosotros” (Dt 29, 14). No hay que distinguir, dice San Pablo, especificando que tampoco entre hombres y mujeres (Ga, 3, 28). Si todos somos imagen de Dios, la conclusión política, legal y social es la igualdad —véase Peter J. Hill, “Judeo-Christian Thought, Classical Liberals, and Modern Egalitarianism”, The Independent Review, verano 2017.

El propio Adam Smith, hablando en concreto sobre la igualdad de la mujer, señala que el progreso en la misma se logró gracias al cristianismo. Cuando analiza la historia del amor como una pasión respetable, subraya que esto no era así entre los antiguos romanos, porque en su época el divorcio era sencillo y estaba extendido entre los ciudadanos; en cambio, la llegada del cristianismo, con su idea del matrimonio indisoluble, dificultó el divorcio y contribuyó a consolidar la respetabilidad de las mujeres.

La religión, por tanto, está inseparablemente unida a la idea de la igualdad, porque somos creados igualmente por Dios y de Él, por cierto, brotan los derechos más importantes, como proclama la Declaración de Independencia de Estados Unidos: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”

Fuente: ACTUALL

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