SAN JUAN PABLO II, GOLPISMO Y SEPARATISMO

Sociedad Martes 24 de Octubre de 2017

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San Juan Pablo II en Argentina (1987)

Elentir recoge en su blog los pensamientos del Papa Wojtyla sobre la patria, el separatismo y el nacionalismo, con motivo de la fiesta de San Juan Pablo II. El pontífice polaco sufrió en sus carnes los totalitarismos comunista y nazi, que ponían los ídolos del Partido y de la Raza por encima de la persona.

El  22 de octubre, la Iglesia Católica celebra la festividad de mi santo predilecto, el Papa polaco San Juan Pablo II, uno de los más grandes pontífices de toda la historia del Cristianismo.

Karol Wojtyla legó al mundo muchos pensamientos que son muy recomendables a la hora de abordar los grandes problemas morales, políticos y sociales de nuestro tiempo. He decidido recordar algunas de sus citas sobre dos temas que suelen generar grandes debates: el patriotismo y el nacionalismo.

El amor de la patria nos une y debe unirnos por encima de cualquier divergencia. Esto nada tiene que ver con un rígido nacionalismo o chovinismo, sino que surge de la ley del corazón humano. Es la medida de la nobleza del hombre. Medida puesta a prueba muchas veces durante nuestra nada fácil historia.” (Carta a los polacos, 23 de octubre de 1978).

Patriotismo y universalidad

El Pueblo de Dios, precisamente porque es unidad en la variedad, comunidad de hombres y pueblos diversos —“linguarum multarum”, para decirlo con palabras de la liturgia de Pentecostés— que no pierden su diversidad, aparece como presagio y figura; más aún, como germen y principio vital de la paz universal.

Porque la comunión armoniosa en la diversidad que se da en el Pueblo de Dios, provoca el deseo de que suceda lo mismo en el universo. Más aún: lo que acontece en el Pueblo de Dios, sirve de base para que se cree lo mismo entre los hombres.

En este sentido, la universalidad, dimensión esencial en el Pueblo de Dios, no se opone al patriotismo ni entra en conflicto con él. Al contrario, lo integra, reforzando en el mismo los valores que tiene; sobre todo el amor a la propia patria, llevado, si es necesario, hasta el sacrificio; pero al mismo tiempo abriendo el patriotismo de cada uno al patriotismo de los otros, para que se intercomuniquen y enriquezcan.

La paz verdadera y durable tiene que ser fruto maduro de una lograda integración de patriotismo y universalidad“. (Discurso a los Obispos de Argentina, Buenos Aires, 12 de junio de 1982).

Patriotismo y solidaridad

“Entre las muchas consideraciones que aquí se podrían hacer, el Papa quiere referirse a una concreta: la piedad en la vida civil, conocida en nuestro tiempo como amor a la propia patria o patriotismo.

Para un cristiano se trata de una manifestación, con hechos, del amor cristiano; es también el cumplimiento del cuarto mandamiento, pues la piedad, en el sentido que venimos diciendo incluye –como nos enseña Santo Tomás de Aquino– (Summa Theologiae, IIª-IIæ, q. 101, a. 3, ad 1) honrar a los padres, a los antepasados, a la patria.

El Concilio Vaticano II ha dejado, también a este respecto, una enseñanza luminosa. Dice así: Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria, pero sin estrechez de espíritu, de suerte que miren siempre también por el bien de toda la familia humana, unida por toda clase de vínculos entre las razas, los pueblos y las naciones” (Gaudium et spes, 75).

Considerad, pues, que el amor a Dios Padre, proyectado en el amor a la patria, os debe llevar a sentiros unidos y solidarios con todos los hombres.

Repito: ¡con todos! Pensad también que la mejor manera de conservar la libertad que vuestros padres os legaron se arraiga, sobre todo, en acrecentar aquellas virtudes –como la tenacidad, el espíritu de iniciativa, la amplitud de miras– que contribuyen a hacer de vuestra tierra un lugar más próspero, fraterno y acogedor”. (Homilía en el Aeropuerto Benjamín Matienzo de Tucumán durante su viaje apostólico a Uruguay, Chile y Argentina, 8 de abril de 1987).

Patriotismo frente a separatismo

Es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada.

Se trata de una solidaridad que debe vivirse no sólo dentro del país, sino también con respecto a toda Europa y al tercer mundo. El amor a la propia nación y la solidaridad con la humanidad entera no contradicen el vínculo del hombre con la región y con la comunidad local, en que ha nacido, y las obligaciones que tiene hacia ellas.

La solidaridad, más bien, pasa a través de todas las comunidades en que el hombre vive: en primer lugar, la familia, la comunidad local y regional, la nación, el continente, la humanidad entera: la solidaridad las anima, vinculándolas entre sí según el principio de subsidiariedad, que atribuye a cada una de ellas el grado correcto de autonomía”. (Mensaje a los Obispos italianos sobre las responsabilidades de los católicos ante los desafíos del momento histórico actual, 6 de enero de 1994).

Patriotismo frente a nacionalismo

“En este contexto es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen.

Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras. En efecto, esto terminaría por acarrear daño también a la propia nación, produciendo efectos perniciosos tanto para el agresor como para la víctima.

El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone por tanto al verdadero patriotismo, y hoy debemos empeñarnos en hacer que el nacionalismo exacerbado no continúe proponiendo con formas nuevas las aberraciones del totalitarismo”. (Discurso a la quincuagésima Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 5 de octubre de 1995).

* Publicado originalmente en Contando Estrelas.

Fuente: ACTUALL

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