Misericordiosos como el Padre

REFLEXIONES Lunes 24 de Junio de 2019

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Dada la importancia de los temas en cuestión, tanto desde el punto de vista de la fe como del momento cultural que estamos atravesando, deseo poner por escrito mi homilía del pasado domingo, día de la Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Se produce hoy una feliz coincidencia: el día de la Santísima Trinidad a nivel eclesial, y el día del Padre a nivel civil. Tratemos de encontrar relaciones entre ambas festividades, partiendo de la primera.

¿Cuál es su riqueza? La unidad en la diversidad sin duda lo es.

En ella, el Padre no es más  Padre por parecerse al Hijo, ni el Hijo por parecerse al Padre o al Espíritu Santo.

Su plenitud y perfección es ser lo que son. Un so!o Dios verdadero en tres personas distintas. Un Padre que engendra al Hijo desde toda la eternidad, y un Espíritu Santo, amor entre el Padre y el Hijo.

Un Padre que envía al Hijo a cumplir una misión. Un Hijo que la cumple redimiendo a la humanidad, y un Espíritu Santo enviado por el Padre y por el Hijo para recordarnos y enseñarnos la verdad. Especialmente que la verdad de Dios fundamenta la verdad del hombre.

Mirando al hombre hecho a imagen y semejanza de Dios varón y mujer, deducimos que la riqueza y plenitud de ambos está en ser el varón cada vez más varón, y la mujer cada vez más mujer. No en un proceso de construcción arbitraria; sino de desarrollo, poniendo voluntariamente en acto, la potencia ya contenida desde el principio.

Mujeres y varones iguales en dignidad por criaturas y más aún por hijos de Dios, pero diferentes en su riqueza femenina y masculina, para complementarse y enriquecerse mutuamente.

Dios Padre, rico en misericordia, crea y recrea al hombre en su Hijo Unigénito. Está atento a sus hijos adoptivos y los cobija, protege, sana, corrige. Como lo expresa Jesús, les tiene preparada una habitación en el cielo, como meta de su existencia. Estas actitudes del Padre Celestial están plásticamente reflejadas en la 'parábola del hijo pródigo', y entre otros, en la figura de San José, la 'sombra del Padre'.

También los padres humanos tienen una misión que cumplir en el ámbito de la procreación, de la educación y del cuidado de sus hijos. Alguien objetaría: 'también la mujer y madre lo tiene'. Responderíamos que sí, el varón al modo masculino, y la mujer al modo femenino.

A ninguna persona con sentido común, se le ocurriría eliminar las diferencias, especialmente en esta era del respeto por las diferencias. Más bien nos sumaríamos a Adán y a su grito de alegría cuando vio a Eva, y descubrió en ella una compañera de camino para la vida, tanto por su semejanza de persona, como por su diferencia sexual. En contacto mutuo, los varones nos descubrimos varones, y las mujeres, mujeres.

Pidamos hoy a Dios padres al modo del Padre

Misericordioso: tuertes, tiernos, valientes, cercanos, pacientes, sabios, cariñosos ... atentos a la educación de sus hijos especialmente cuando niños y jóvenes. Verdaderos modelos que imitar, transmisores de ideales, virtudes y principios sobre los cuales fundar la vida, tales como la fe o la palabra dada.

Reconozcamos a la vez que nadie es perfecto, y tampoco ellos. Aceptémoslos como son, ya que a un padre más que juzgarlo, debemos amarlo con agradecimiento. Lo pedimos por intercesión de María y José.

Autor: Pbro. FERNANDO MARTIN

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